sábado, 28 de junio de 2014

Nada te turbe




jueves, 15 de mayo de 2014

Pertenencias de Teresa de Jesús

Esta es la llave de la celda donde habitó Teresa de Jesús, en el Monasterio de la Encarnación, en Ávila. Esta hecha de hierro y mide 12 cm.


Este su tintero


¡Cuántos bellos escritos y enseñanzas salieron de la pluma que se mojaba en él desde la mano de Teresa!

Y abrazada a ésta Cruz, se despedía feliz la Santa muriendo como "hija de la Iglesia"




jueves, 8 de mayo de 2014

Invitación a navegar (*)

Dentro de una año, por estas calendas, se estará celebrando el V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. De hecho, Teresa Cepeda y Ahumada, nació en Gotarrendura (Ávila) el 28 de Marzo de 1515, y desde hace años se vienen preparando en España y el mundo católico para conmemorar estos quinientos años de la fundadora del Carmelo.


Por supuesto que muchos lectores ya estarán dibujando un mohín de desencanto, escandalizados de que a uno, a estas alturas de la vida y del siglo XXI, le de por recordar a una santa del siglo XVI. De lo menos que pueden tildarlo a uno es de "biato". ¿Quién tiene alientos y ganas de ponerse a leer hoy, en este mundo tecnificado y desacralizado una prosa de la literatura clásica, en un estilo para muchos anacrónico, en que, para acabar de ajustar, se trata de una temática religiosa y mística y en cuyas páginas el personaje central es Dios?

Hay temas que a la gran mayoría no les gusta que sean ventilados ante la opinión. Dios, por ejemplo. A pesar de que vivamos agarrados al clavo caliente de la interrogación sobre el Absoluto, nos parece una jartera hablar o que nos hablen de Dios, en forma magistral, como quien expone una tesis de filosofía o de teologia, o adornándose de una oratoria fofa, tal vez con un insoportable ceño doctrinal.

Pero Teresa de Jesús ha perdurado en la lectura de sus obras porque es todo lo contrario de ese hablar mayestático sobre Dios. Lo que ella cuenta es una aventura. Y la cuenta en una forma ágil, sin recovecos intelectualistas, sino poniendo en cada palabra la carne sobre el asador. Vivencia, que es lo que importa. Es un estilo coloquial, con gracejo y susurro de mujer, que abre una interrogación directa al lector, el cual termina comprometiéndose también en ese extraño e inesperado viaje a la interioridad.



Por lo demás, leer a Santa Teresa será siempre una grata experiencia literaria. Sus obras tienen la frescura del habla popular castellana y sorpresivamente logra tales hallazgos y recursos literarios que su lectura acaba convirtiéndose en un hábito del que no es fácil desprenderse.

Pero con Santa Teresa, como es en realidad con cualquier autor, es inútil y cansón dar consejos o encumbrar las cualidades de su estilo. En realidad, no hay sino una forma de comprobar si un autor es bueno o malo: leyéndolo. Cualquier otra aproximación es andarse por las ramas. De ahí que si alguno de mis lectores cree que es cuento mío lo del encanto que tiene la lectura de Santa Teresa, lo desafío a que se embarque en una lectura de sus obras. Es una invitación a navegar. Nos vemos en la otra orilla.

(*) Autor: Ernesto Ochoa
Tomado de: www.elcolombiano.com

miércoles, 7 de mayo de 2014

La mi Maribobales...

Llegaba una vez de improviso la Madre a un convento, y una freila (*) pidió licencia a la priora para gastar una broma a la santa Madre: "Yo me vestiré de obispo y le saldré al encuentro, diciéndole que soy el obispo D. Álvaro de Mendoza." 



La santa que vio ante sí a tal obispo, siguió la broma, haciendo reverencias y saludando a las que hacían de pajes. Fue acompañando a su obispo hasta la pieza de recreación, donde era el recibimiento oficial, y allí la Santa se hincó de rodillas y con gracia dijo al tal obispo: "Deme vuestra señoría su bendición".  La freila, muy formalota, se la echó y le dio a besar la mano, retirándola al momento que se la iba, efectivamente, a besar, y dijo: "Levántese, que no se lo decimos por tanto! 

Levantóse la Madre y dijo con la boca llena de alegría: " La mi Maribobales con estas gracias se me va al cielo".


(*) Freila: religiosa lega, que no participa del coro.



martes, 29 de abril de 2014

Hemos venido a comer...

Enemiga de extravagancias en los actos de comunidad, y mientras todas comían, oyó la Madre que una religiosa daba suspiros muy devotos. La llamó desde su asiento y díjola con mucha gracia:
¨Hermana mía: aquí hemos venido a comer, no a suspirar. Hay que comer cuando comen todas, y el suspirar a solas.


Fuente: La Herencia Teresiana
F. Efrén J. M. Montalva

En la imagen Hnas. Carmelitas Descalzas de Viedma - Pcia. Río Negro - Argentina




sábado, 12 de abril de 2014

Santa Teresa y sus domingos de ramos

Santa Teresa, el Domingo de Ramos se privaba de comer, y le enviaba su comida a una persona pobre, significando con ello que le daba de comer a Jesucristo en ese día, para compensarle de que a nadie se le hubiere ocurrido invitarlo a comer después de tan solemne recibimiento. 

Nuestro Señor le compensó tan cariñoso gesto con un regalo impensado y maravilloso, que a continuación se relata: al comulgar, ese día tuvo la sensación que se le llenaba la boca de la sangre caliente que brotaba de las llagas de Jesús y ella lo cuenta de la siguiente manera: 

"El día de Ramos, acabando de comulgar, de manera que aún no podía pasar la Forma, y teniéndomela en la boca, verdaderamente me pareció, cuando torné un poco en mí, que toda la boca se me había henchido de sangre; y parecíame estar también el rostro y toda yo cubierta de ella, como que entonces acababa de derramarla el Señor.
Me parece estaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sentía, y díjome el Señor: 
" Hija, yo quiero que mi sangre te aproveche y no hayas miedo que te falte mi misericordia. Yo la derramé con muchos dolores, y gózala tú con tan gran deleite, como ves; bien te pago el convite que me hacías este día".

Esto dijo porque hacía más de treinta años que yo comulgaba este día, si podía, y procuraba aparejar mi alma para hospedar al Señor, porque me parecía mucha la crueldad que hicieron los judíos, después de tan gran recimiento, dejarle ir a comer tan lejos, y hacía yo cuenta de que se quedase conmigo, aunque en harto mala posada, según ahora veo." (CC 26)