jueves, 10 de mayo de 2012

FILÓSOFO SE CONVIERTE AL LEER A SANTA TERESA




Buscaba el placer en el estudio y el sexo hasta que leyó a Santa Teresa de Ávila. Un catedrático emérito se convierte al leer la biografía de la mística.

Vicente González Pérez, catedrático emérito, enseñaba filosofía y psicología en Guernica, Vizcaya mientras estaba inmerso en el intelectualismo y en una vida sin frenos morales. Alejado de Dios, iba a misa sólo por acompañar a su esposa. «Tenía una buena formación religiosa pero perdí mi fe en la universidad», explica refiriéndose a sus estudios de Pedagogía, Psicología y Filosofía en la Complutense.
«El ambiente, salir, las fiestas... Yo perdí la moral y al perder la moral se pierde la fe. Siempre es así, primero te dejas llevar, como yo a los 23 años, de mis apetitos, de mis instintos y entonces, como no puedes controlarlos, pierdes la fe. Cuando ya has perdido la moral y vives libertinamente, dejándote llevar de todas tus pasiones, entonces ya no te interesa que Dios exista para que no te reproche nada; entonces caes en el agnosticismo o en el ateísmo. Porque cuando no se es capaz de vivir como se piensa, como se cree, se termina justificando como vives. Eso es lo que me pasó a mí», confiesa el ex catedrático.



Vicente González aprobó las oposiciones de Filosofía a la primera y fue destinado al País Vasco como docente. A pesar de que ya estaba casado y tenía dos hijos, no se resistía a vivir las fiestas sexuales en «las noches en París» con su esposa.

Dios me esperaba a mis 40

«En el País Vasco me esperaba Dios a mis 40 años. Allí comenzó mi conversión. Seguí preparando la cátedra de Filosofía. Un día, estaba con un libro del filósofo francés que tanto me encanta, Henry Bergson, y leo esta frase: vosotros los españoles tenéis en la mística la más alta filosofía, vuestros grandes místicos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz han conseguido de un salto lo que nosotros los filósofos no somos capaces de conseguir ».

«Me quedé helado, abrí de par en par los ojos. ¿Pero cómo es posible! ¿Es que los filósofos y los místicos buscan lo mismo? Yo, que tenía una gran admiración por Henry Bergson, me sorprendió saber que él admiraba a los místicos. Entonces me fui derecho a Teresa de Jesús y empecé a leer su autobiografía.

Me pasó algo similar a los que le pasó a Edith Stein, discípula de Husserl», (la intelectual judía que se convirtió al catolicismo leyendo la vida de Santa Teresa de Jesús), explica González. «La empecé a leer y leer. Lloraba y lloraba y cuando llegué al capítulo noveno, al capítulo de la conversión, pues me pasó algo similar a lo que le pasó a Santa Teresa: veía que ahí estaba el camino de la verdad. Seguí leyendo y comprobando la cantidad de experiencias a lo largo de su encuentro con Dios y te va retando constantemente como verá quien lo hubiere probado, o sea que ella te dice y si no me crees, practícalo, experiméntalo. Aquella lectura me hizo un inmenso bien. Entonces comenzó un camino de desprendimiento y dejé la afanosa búsqueda del placer». «Nos podemos encontrar con Dios en el camino estrecho», asevera. Y concluye: «Arcta est via quae ducit ad vitam (estrecha es la vía que conduce a la vida)».

Fuente: Mónica Vázquez, "La Razón",


jueves, 22 de marzo de 2012

EL ORGULLO DE SER CARMELITA DESCALZA SEGLAR


El Carmelita Seglar participa de las alegrías del mundo. 
Creado por Carmelitas Seglares de Aragón-Valencia. España

jueves, 1 de marzo de 2012

Marzo, mes de SAN JOSÉ Padre y Patrono del Carmelo Teresiano



Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios: no he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan."

Santa Teresa de Jesús
Libro de la Vida 6,7 

miércoles, 29 de febrero de 2012

A SANTA TERESA



Quiero, Santa Teresa, ser tu hechura,
situar en mí tus pensamientos bellos,
soportar los humanos atropellos,
llegar al puerto azul de la ventura.
Será el escapulario la armadura
que me libere de mortales sellos.
Guiada por la  luz de tus destellos
no caeré en el error de noche oscura.

Quiero ser eremita del Carmelo,
contemplar en la nube la Presencia,
el místico aleteo de la Esencia,
navegar con la Estrella por el cielo,
llevar el manto y el solemne velo,
los signos de mi entrega y dependencia,
ofrendar al humilde mi asistencia,
hallar, en Jesucristo, mi consuelo.

Quiero, al fin, descalzarme del pecado.
calzarme con la fe y con la armonía,
así podré sentir la cercanía
de la Gracia, el don más deseado.
Cuidaré con esmero tu legado
para un mundo de paz y Epifanía,
sembraré, en la tristeza, la alegría
de saber que Jesús nos ha salvado.

Quiero cumplir tus reglas con amor,
vivir mi vida en Dios con humildad,
ser un testigo fiel de la Verdad,
sufrir como sufriste tu dolor
y en la hora de mi muerte, sin temor,
gozar la celestial felicidad
de encontrar al Amado, a la Bondad,
guiada, por tu espíritu, al Señor.